6 acciones para promover más y mejores trabajos para las mujeres

América Latina
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ERP. El fuerte crecimiento de la participación laboral femenina (PLF) en América Latina es uno de los cambios socioeconómicos más importantes acontecidos en la región en el último medio siglo. Mientras que en los años 60 sólo un 20% de las mujeres adultas trabajaban o buscaban trabajo activamente, hoy la cifra alcanza un 65%. Este avance ha sido enorme y debemos celebrarlo.

Sin embargo, todavía persisten fuertes desigualdades de género en los mercados de trabajo de nuestra región, donde la brecha de participación entre hombres y mujeres es de casi 30 puntos porcentuales, mucho más de lo que se observa en países con mayor grado de desarrollo. Adicionalmente, cuando analizamos la realidad de las mujeres latinoamericanas el panorama dista mucho de ser homogéneo ya que hay grandes diferencias en la participación laboral de las mujeres entre países y entre grupos y poblaciones dentro de cada país.

Por ejemplo, tomemos el caso de México y Perú, dos países con muchas similitudes asociadas al comportamiento laboral de las mujeres, pero con niveles de participación laboral femenina muy distintos. Mientras que en México 6 de cada 10 mujeres participan en el mercado de trabajo, en Perú la cifra llega a 8. En áreas urbanas, donde se concentra el 80% de las mujeres en ambos países, la brecha es de 15,4 puntos a favor de Perú y en las áreas rurales alcanza la impactante cifra de 43 puntos.

Esta heterogeneidad nos motivó a realizar un estudio comparativo para conocer qué factores determinan la brecha entre México y Perú y, a partir de este contraste, extraer lecciones de política capaces de fomentar la igualdad de género en los mercados laborales de América Latina. Para promover cambios, es necesario entender la situación actual de las mujeres en el mundo laboral. ¿Cuáles son los factores que determinan y limitan su participación? ¿Cuál es el perfil de las trabajadoras? ¿En qué trabajan? ¿Cuáles son sus condiciones laborales?

Es necesario más, pero también mejor

El estudio, realizado conjuntamente por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Centro de Estudios Distributivos, Laborales y Sociales (CEDLAS), resalta que gran parte de la brecha observada entre ambos países, especialmente en áreas rurales, se asocia a una mayor inserción de las mujeres peruanas en empleos precarios caracterizados por la no remuneración monetaria y altos niveles de informalidad. Las situaciones que se observan en Perú y México se repiten en mayor o menor medida en varios países de América Latina. El aprendizaje común es que tanto la cantidad como la calidad del empleo son relevantes. Las mujeres necesitan trabajos que les garanticen un salario suficiente para superar la pobreza, que les proporcionen autosuficiencia y seguridad económica y que les aseguren beneficios de protección social como seguro de desempleo y pensiones dignas en la vejez.

6 acciones para impulsar el cambio

Partiendo de lo observado en el estudio, y en base a evidencia internacional, compartimos algunas medidas capaces de fomentar el empleo femenino de calidad:

  • Expandir la oferta de servicios de cuidado: centros de cuidado infantil y educación preescolar públicos y de calidad, escuelas con horario extendido y servicios de cuidado para adultos mayores.
  • Ampliar y balancear las licencias por maternidad, paternidad y cuidados, con partes intransferibles para evitar profundizar en los roles de género tradicionales
  • Extender la educación a los grupos desfavorecidos de la población, incluidas las mujeres.
  • Promocionar la corresponsabilidad en el hogar para vencer los estereotipos de género.
  • Fomentar la flexibilidad laboral para compatibilizar el cuidado de niños y adultos mayores con el desarrollo de una carrera profesional teniendo una vez más cuidado para no reforzar los roles de género tradicionales.
  • Garantizar información y medios para la planificación familiar, ofreciendo acceso universal a educación sexual y a métodos anticonceptivos.

La igualdad de género en el mercado de trabajo debe ser uno de los objetivos de política prioritarios para la región, ya que es uno de los factores de cambio más importantes para el desarrollo de los países. Porque no hablamos sólo de una cuestión de justicia, si no de crecimiento económico, productividad y bienestar para toda la sociedad. (BID)

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