Alan García Pérez, su incineración, una carta y el suicidio premeditado

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ERP. El suicidio del expresidente Alan García Pérez pretende ser usado como justificante para promover retrocesos en la lucha contra la corrupción, para echar culpas a fiscales, jueces, periodistas, vilipendiar enemigos, soslayando que existen presuntas responsabilidades penales en la receptación de 100 mil dólares de un contrato simulado y otros dineros transferidos por Odebrecht a sus funcionarios Luis Nava y Miguel Atala. 

Las investigaciones realizadas por el fiscal José Domingo Pérez, dieron sus primeros frutos y develaron lo que muchas veces fue mostrado como honestidad; lo cierto que todas los elementos de convicción hubieran sido suficientes para sentar en el banquillo al expresidente García y juzgarlo como correspondería hacerlo con cualquiera ciudadano.  

Sepelio AlanAlan García Pérez, su incineración, una carta y el suicidio premeditado

Después de casi 3 días de recibir homenaje póstumo, familiares, militantes del Apra y amistades despidieron al expresidente Alan García Pérez después de ser cremado en el camposanto Mapre de Huachipa. Hasta ese cementerio llegaron la madre del desaparecido exgobernante Nytha Pérez, y demás allegados.

Estuvieron presentes para condolerse por la pérdida de una vida humana, miembros de la dirigencia del Partido Aprista Peruano, como Mauricio Mulder y Jorge del Castillo; congresistas de diversas bancadas y líderes políticos como Lourdes Flores Nano, entre otros. Una situación es la parte humana y otra las responsabilidad penales y políticas y en el caso e García, impidió con su suicidio que el proceso en su contra llega a su fin. 

En la capilla del camposanto se realizó una ceremonia religiosa privada para pedir por el descanso eterno del desaparecido líder aprista. La madre y los hijos de García Pérez protagonizaron muestras de dolor al despedirse de su ser querido. Los asistentes empezaron a retirarse del camposanto cuando el féretro ingresó a la cámara crematoria, minutos antes de las 14.00 horas, tal como estaba previsto.

Alan García, dos veces presidente constitucional de la República, se suicidó el miércoles 17 de abril en su domicilio cuando estaba a punto de ser detenido por la Policía en virtud a una orden judicial por su presunta responsabilidad en hechos de corrupción cometidos en el marco del caso Odebrecht. Lo cierto, que la tesis del caso estaba casi completa y era probable que su destino sería cumplir una prisión preventiva. 

En una carta leída después de su muerte, García ratificó ser inocente y aseguró que tomó la decisión de quitarse la vida porque consideraba una injusticia ser sometido al vejamen de ser detenido. Demuestra esta misiva, que García Pérez preparó su muerte y tuvo el tiempo para despedirse de los suyos, tal y conforme sucede siempre con los suicidas. García fue un personaje en riesgo y vulnerable, cayó en la depresión y decidió por propia mano librarse de la justicia aún a costa de su vida. 

El periodista Gerardo Cabrejo García, quien en algún momento militó en el Apra, tras conocer la muerte escribió una frase que expresa mucho "Consternado sí, por el desenlace y porque la connotación política del hecho ahondará la crisis en la que el Perú está sumido, pero si hay algo que decir es que Alan García ha sido víctima de su propio miedo... El miedo terrible a ir preso que se evidenció cuando quiso asilarse en Uruguay... (...) creo que su ego y su obnubilación estuvieron por encima de su fortaleza para luchar por la inocencia que proclamaba para sí… Su ego, ha sido más grande que su dignidad y su valentía para enfrentar la humillación de salir enmarrocado; algo que al parecer el veía como una afrenta… No digo sea culpable, pero la decisión de suicidarse muestra no solo a una persona absolutamente perturbada, sino también evidencia que se sentía acorralado… descubierto, que no se sentía inocente y por ello, en lugar de luchar por la dignidad de su apellido, puso la vida, sus propios afectos y el espíritu de lucha aprista, en una escala muy por debajo de su miedo a sufrir la humillación de ir preso…Su miedo fue más poderoso... Que Dios lo guarde, lo perdone y le de descanso eterno pero para mí, decidió irse como un incapaz de asumir el peso de lo que hizo bien, pero esencialmente, de lo que hizo mal…Este fragmento de su última entrevista, es muy revelador de lo que aquí decimos".

Carlos Humberto Campos Seminario, quien estuvo bastante cercano del Apra coincide con diversas opiniones al expresar "Alan García Pérez, has traspuesto el umbral de lo ignoto, polémico hasta en su momento de partir, prefirió la muerte a la vergonzante imagen de caminar con una prenda ocultando las marrocas de la persecución de la que fue objeto por más de 30 años, como ha sido toda su vida y sus actos, ésta fatal decisión también genera opiniones discordantes y diametralmente opuestas, muchas cargadas de odio, otras preñadas de reconocimiento y cariño". 

Opiniones como las mencionadas serán parte del debate público, hasta que superado el duelo se vuelva a la normalidad; sin embargo, la Carta dejada para sus familiares, será materia de mucho análisis y conclusiones. En ella se evidencia el ego que dice Gerardo Cabrejo; los miedos propios de ser humano; sus elucubraciones sobre presunciones no ciertas; lo muestra humano con todas sus debilidades y carencias, que lo llevaron al suicidio. 

A continuación lea el contenido de la carta

"Cumplí la misión de conducir el aprismo al poder en dos ocasiones e impulsamos otra vez su fuerza social. Creo que esa fue la misión de mi existencia, teniendo raíces en la sangre de este movimiento.

Por eso, y por los contratiempos del poder, nuestros adversarios optaron por la estrategia de criminalizarme durante más de 30 años, pero jamás encontraron nada y los derroté nuevamente, porque nunca encontraran más que sus especulaciones y frustraciones.

En este tiempo de rumores y odios repetidos, que la mayoría creen verdad, he visto como se utilizan los procedimientos para humillar o vejar y no para encontrar verdades.

Por muchos años me situé por sobre los insultos, me defendí y el homenaje de mis enemigos fue argumentar que Alan García era suficientemente inteligente como para que ellos no pudieran probar sus calumnias.

No hubo ni habrá cuentas, ni sobornos, ni riquezas. La historia tiene más valor que cualquier riqueza material. Nunca podría haber precio suficiente para quebrar mi orgullo de aprista y de peruano.

Por eso repetí: otros se venden, yo no.

Cumplido mi deber en la política y en las obras hechas para el pueblo, alcanzadas las metas que otros países o gobiernos no han logrado, no tengo por qué aceptar vejámenes.

He visto a otros desfilar esposados, guardando su miserable existencia. Pero Alan García no tiene por qué sufrir esas injusticias y circos, por eso le dejo a mis hijos la dignidad de mis decisiones, a mis compañeros una señal de orgullo, y mi cadáver como una muestra de mi desprecio hacia mis adversarios porque ya cumplí la misión que me impuse.

Que Dios, al que voy con dignidad, proteja a los de buen corazón y a los más humildes".

La decisión de García no es la del valiente y corajudo que decide extraer del armario su arma letal para dispararse y resolver una cuestión de honor, deber y dignidad; en su condición de exmandatario estuvo en la obligación de erigirse sobre si, para garantizar el Estado de Derecho y sobre todo para defender con valentía la verdad o su verdad; su sucidio al contratrio es la expresión de una persona, quizá como muchas en nuestra sociedad, que tienen transtornos mentales que derivan hacia medidas extremas y que abandonadas y solas en momentos difíciles, resuelven con un disparo sus laberintos de su mundo interior. 

Alan Garcia ha muerto y deja otros laberintos más mundanos por resolver, contradicciones para analizar y resolver; sin embargo, las soluciones de un país que tiene la obligación de garantizar transparencia y moralidad, no se solucionan con suicidios, sino con educación y con cultura. García pudo implementar políticas públicas para un Perú con altos niveles en este sector; perdió su oportunidad y se fue, creyendo que lo perseguían y que muchos "enemigos" eran los causantes de su descrédito. Es decir, García Pérez se fue creyendo que "Los culpables eran otros, no él". 

Diario El Regional de Piura 

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