Corrupción en Chiclayo, Tumbes, Ancash ¿Dónde estuvo el control estatal?

Andrés Vera Córdova
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avcdsc03168ERP. El caso de Roberto Torres Gonzáles, alcalde de Chiclayo, ha concitado novelesca atención. Miles de nuevos soles encontrados en el allanamiento de la vivienda de su pareja sentimental; posiblemente inmuebles y muebles adquiridos con dineros ilícitos. Se pretende asociar los actos de corrupción con la ambición de una mujer y no es así. La corrupción se encuentra enraizada e institucionalizada en el sector público y los casos pueden contarse por miles en el espectro nacional, regional y/o local.

Torres Gonzáles, a sus 56 años, sabía perfectamente su "negocio". No es la joven Katiuska del Castillo su mentora para delinquir. Eso es parte de la fábula y la novela; Torres Gonzáles, era lo que era porque como economista sabía "como es el negocio". Fungía de honesto, como decenas de otros personajes lo hacen y no lo son. Su movimiento no pudo tener mejor nombre "Manos Limpias" y obviamente, muchos consideraban que tenía "manos limpias" porque para la mayor parte de la población "no importe que robe, pero que haga obra".

Sin embargo, Torres pretendía y hacía obras, "arreglando y arreglando". Miles de miles de nuevos soles del Estado se iban a sus "manos limpias" y la de su parentela; bajo "los arreglos" permitían satisfacer sus carencias emocionales de infancia, como dirían los sicoanalistas. Torres Gonzáles ahora está preso, pero eso no disuade a otros que desperdigados por todo el país, tienen un actuar díscolo. Es cuestión humana, dirían los humanistas de palabra y muchas veces negados en la acción.

Veamos, de repente un presidente regional o un alcalde hacen ostentación de riqueza. Construyen hoteles, abren negocios y compran vehículos nuevos; adquieren casas y en lo personal hacen exhibición de su aparente suerte. No es necesario ser investigador para darse cuenta, que el dinero tiene procedencia dudosa. Más aún si se pusiera oídos a lo que se dice en las calles la labor de inteligencia fuera más previsora y efectiva.

Cada entidad pública tiene su Órgano de Control Institucional y además, por Ley deben desarrollar su control interno. Aún con OCI y con Control Interno, no pasa nada. En La región Piura, en cierta oportunidad se presentó CEDEPAS a un proceso de selección; sin embargo, se le descalificó porque en los Términos de Referencia, se requería doctorado para cada uno de los profesionales requeridos, incluso para el ayudante del ingeniero coordinador. Es una muestra de cómo se direccionan procesos. El Alto Piura, es otro ejemplo más simbólico de cómo se induce ganadores y ni que decir del Hospital de Paita, el mismo que se ha incrementado en 13 millones de su precio original.

En Chiclayo, los medios de comunicación hablaban de Torres y su forma de gobernar. Y la modalidad de actuación, no es diferente a la de Tumbes, Ancash, Piura, y de cualquiera otra entidad similar del país. Los circunstanciales presidentes, consejeros, alcaldes, regidores, y demás funcionarios vinculados al Poder regional o local, lucran con los dineros asignados para bienes y los recursos contemplados para obras. ¿Ceguera?. ¿Torpeza?. ¿Conveniencia, para no darse cuenta?. Sin embargo, igual sucede con la mayoría de organismos del Gobierno Nacional y la corrupción no es un patrimonio solamente de los entes descentralizados.

Lo cierto, y es una verdad que todos saben pero nadie remedia. La corrupción alimenta la corrupción.  Algunos por no decir muchos, policías, fiscales jueces, reciben cuotas para mirar hacia otro lado y si es en la vía judicial, para absolver de las denuncias. El caso de Ancash es el mejor ejemplo, donde incluso estaría comprometido el actual Fiscal de la Nación.

Las denuncias comienzan a fluir por procesos de selección direccionados y con arreglo previo. Otras veces los casos llegan al Ministerio Público y este ente es tan inefectivo que resuelve no "haber mérito" a realizar investigación preliminar o preparatoria. El empecinamiento de algunas personas para ir más allá, hace doblegar la confabulación; y la denuncia puede avanzar. En esta dinámica perdió la vida Ezequiel Nolasco.

Tan pronto el caso llega al Poder Judicial, el proceso demora tanto que la población se olvida de los hechos reales; el acusado declara que es inocente y todo lo que se dice de él es "por motivos políticos". Después de muchos años, con Nuevo Código y todo, se decide absolver a los acusados y en casos mínimos se dan sentencias aparentemente ejemplares. Estos casos son los menos y generalmente se dan por no haber cedido a la coima o a la prebenda. 

Es decir; Contraloría, Ministerio Público, Poder Judicial no son entidades confiables y su accionar es tan acomodaticio, que quebranta toda lucha frontal contra la viveza de funcionarios públicos.

En Piura, por ejemplo, el presidente regional viene llevando adelante un proceso de selección para contratar a una firma consultora, que supervisarpa una obra que técnicamente aún no existe. Quizá si se analiza la casuística nos encontraremos que este tipo de procedimiento es único en el país. Como para justificarse se trabaja con el miedo de perder el proyecto El Alto Piura, y es fácil deducir que ese temor simplemente es construido.

El futuro puede ser diferente. Si realmente se actuara a tiempo y con un servicio de inteligencia funcionando se evitarían tantas pérdidas de los recursos públicos. Sin embargo, lo gracioso y chistoso se ve cuando se sentencia a un personaje político, se le dice que tiene condena efectiva, pero que se aplicará cuando se resuelva en segunda instancia. Si ese personaje hubiera sido un común y cualquiera, estaría cumpliendo condena. La justicia debe ser igual para todos, más allá de la posición social, política y/o económica.

La corrupción estatal, se encuentra vívida y latente y corresponde a la sociedad civil y a cada peruano lograr desterrarla. En conclusión, un sueño ciudadano.

Pristina 255