Gregorio Santos Guerrero, "el preso político"

Andrés Vera Córdova
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Gregorio Santos GuerreroERP. El actual presidente regional de Cajamarca y ganador de las elecciones para el próximo mandato ha sorprendido con su triunfo. Se encuentra acusado de corrupción y al menos el 50% de los cajamarquinos no lo creen. Lo que si queda claro, que fue indoblegable a las pretensiones de hacer minería en Cajamarca. Entender el caso "Goyo" implica hurgar en asuntos institucionales, políticos, sicológicos, culturales, entre otros.

Un primer aspecto está referido a su férrea posición en contra de la minería. Jamás se doblegó ante el poder y tuvo el coraje de enrostrar a Ollanta Humala su viraje. Al menos esa es la percepción. Con lucidez en algún momento pidió la revocatoria del mando del actual presidente de la República y su verbo altisonante fue considerado propio de un político radical. Supo, en esta dinámica, hacer partícipe a la población y el temor le fue ajeno para salir a las calles. Santos Guerrero, suma a sus aspiraciones regionales, una consistencia ideológica que muchos la reemplazan por un pragmatismo vacío. 

"El modelo económico neoliberal en curso profundiza brechas sociales, concentra la riqueza en pocas manos y, luego, (Humala) se queja de los gringashos", escribió la autoridad regional en twiter cuando aún estaba en libertad. Posteriormente, reiteró en otro mensaje su planteamiento de una "nueva Constitución, nuevas elecciones y nuevo Congreso de la República".

La centralidad de medios y de la política, es ciega para entender las reales concepciones y necesidades del Perú provincial o regional. Esa ceguera no es nueva; se concibe al Perú desde Lima y desde Lima se adoptan decisiones para el Perú provincial. Los caudillismos que emergen por su poca claridad, sucumben ante la persuasión o manipulación nacional, y no tienen el valor de plantear acciones más democráticas.

Gregorio Santos fue un irredento; alguien que desafía su propia existencia y libertad y prosigue en sus afanes de evitar que el poder minero imponga jurisdicción en su región, sin tener en consideración el medio ambiente y las reales aspiraciones de su población. Para el Estado, lo único que interesa es el mineral y su explotación; para los cajamarquinos su ambiente tiene un valor ancestral y cultural que debe respetarse.

Otro aspecto, se vincula a lo institucional. Ser procesado por un Poder Judicial percibido como corrupto, deslegitima toda acción legal. Al mejor estilo de los albores del siglo XX, Santos Guerrero ha sabido asociar sus estrategias con esta debilidad institucional. Aunque aparentemente el expediente judicial es voluminoso y en su contra; para la población de la región que representa, las acusaciones no son convincentes y simplemente "lo quieren silenciar".

Santos Guerrero, ha logrado una buena empatía y comunicación con su población. No es el Ollanta que ofreció defender el agua y después abogar con ardor por la minería. No es de aquellos presidentes regionales fofos y convenidos que pululan de norte a sur. Ante el avance minero, enarboló la defensa del agua y con la fuerza de su palabra y de su acción, hizo retroceder los ímpetus de los grupos de poder que tienen al Estado cautivo y a sus gobernantes mutantes y sumisos. Equivocado o en acierto, es lo que dijo, es lo que hace, y es lo que defiende.

Igualmente, Cajamarca, aquella que llenó de oro a los conquistadores, no es la Lima del Perú. Tampoco quiere seguir llenando de riqueza a un poder central; cree en honor a su pasado, que la riqueza es para los detentadores del territorio y no de aquellos que desde Lima establecen leyes y normas a su favor. Los cajamarquinos se enorgullecen de su pasado y su ruralidad los hace diferentes. Al igual que millones de peruanos, la conquista y el Perú Republicano los marginó. Ya no quieren estar en ese estatus.

En tanto el poder formal lo juzga, el poder real, el de las masas, lo catapulta. Lo eleva a la condición de preso político y muchos proponen legislar en su contra. De ser así, lo único que lograrían es encumbrarlo y ponerlo en un plano diferente.

Gregorio Santos, es incómodo para el "estatu quo"; es impertinente para las expectativas de los empresarios mineros, es impertinente para el centralismo estatal. Es probable que se busque arrebatarle lo que ha ganado; más, hasta ahora lo único que están logrando en convertir en mito a ese personaje pequeño físicamente, que se engrandece cuando asume la defensa de Cajamarca y fundamentalmente del agua.

Pristina 255