Elecciones municipales y regionales en el Perú

Andrés Vera Córdova
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avcdsc03168Partidos políticos, proliferación y control político en debate

ERP. Antes de instituirse las elecciones como un mecanismo para elegir autoridades; eran los gobernantes centrales los que disponían quienes ocupaban un cargo municipal. Muchas veces se escogía entre los notables de un pueblo o entre aquellos que sabían desplazarse o movilizarse por lo hilos del poder central. Existen buenos ejemplos de vecinos ejemplares que trabajaron por su ciudad, villa o pueblo con inspiración, motivación y responsabilidad.

La democracia peruana, en la forma como la conocemos es bastante joven, aunque el sistema republicano nace con la independencia. Militares y sacerdotes, y siempre aliados con abogados, fueron los detentadores del poder del Estado y además, ideólogos de golpes de Estado y turbulencias. Los partidos políticos recién se ven en 1870 con Manuel Pardo con el Partido Civilista. Su temprana muerte impidió que haya una conciencia por fortalecer este tipo de organizaciones y el Perú siguió el rumbo de la inestabilidad.

Los caudillismos no son nuevos en la República. Algunos ejemplos: Nicolás de Piérola fundó el Partido Demócrata para participar en las elecciones; Andrés Avelino Cáceres, no se quedó atrás e hizo lo propio con el Partido Constitucional; Augusto B. Leguía dejó el Partido Civilista para fundar el propio con el nombre de Partido Democrático Reformista. En la década del 20 del siglo XX, se funda el APRA y el Partido Comunista; los mismos que ideológicamente marcaban una diferencia con los tradicionales, herederos de usos y costumbres de la colonia.

El Perú conservador impidió por todos los medios de facilitar el acceso al poder del APRA. Esta organización liderada por Víctor Raúl Haya de la Torre, logró hacerse de una base social sólida; pero no pudo acceder al Gobierno. En 1962 fue la oportunidad del líder aprista, pero la precariedad de nuestra democracia devino en un golpe de Estado, y después al primer gobierno de Belaúnde. El pueblo eligió a Víctor Raúl para la Constituyente de 1979, pero ya estaba anciano y enfermo y no pudo ejercer a plenitud la función lograda.

El retorno a la democracia; lucha constante y vital de las organizaciones sociales, facilitó también la formación de decenas de partidos políticos. De derecha en menor densidad que los de izquierda, los cuales proliferaron bajo el prurito de la revolución como alternativa para resolver los problemas peruanos y las elecciones solo como una estrategia de acumulación de poder. No se dieron cuenta que el mundo socialista o comunista se estaba desmoronando.

Más allá de las comparaciones; los partidos políticos de la década anterior a los 80 tenían una mayor consistencia ideológica y doctrinaria y una mayor participación social. El fuerte caudillismo incidía en su crecimiento y oportunidades, pero existía una ideología que los nucleaba. La formación política igualmente era rigurosa y las universidades eran centro de formación de los jóvenes. Ser político de gran fuste, también era una aspiración de las nuevas generaciones y muchas se comparaban con Bustamante y Rivero; con Belaúnde, con el mismo Haya de la Torre y el legado de Mariátegui recorría el pensamiento izquierdista peruano.

Todo ello ha cambiado y las percepciones son diferentes. En lo nacional, regional y local. En el caso local ya no es el "Buen vecino" el escogido para gobernar una localidad; imperan otras razones políticas, económicas, sociales, sicológicas; y lo ideológico se ubica en un plano casi imperceptible. Unos van de izquierda a derecha; de derecha a izquierda, lo que interesa en el fondo es obtener el poder en el Ejecutivo, en el parlamento, en las regiones o en los municipios.

Hoy estamos participando de un proceso electoral regional y municipal.

Las elecciones municipales con voto directo, universal y secreto, pero sin el voto de los analfabetos, se iniciaron en 1963 en el gobierno de don Fernando Belaúnde Terry, fundador de Acción Popular. Se suspendieron por el gobierno de facto de las Fuerzas Armadas y se retomaron en 1980 con el retorno del derrocado presidente. Primero el mandato era de 3 años y después se modificó para establecerlo en 4 años.

Las elecciones regionales se dan después de entrar en vigencia la Constitución de 1979. En 1989, se realizan las primeras en las postrimerías del gobierno de Alan García Pérez, convertido en el primer presidente del único partido tradicional, el APRA. Los gobiernos regionales fueron suspendidos abruptamente por el dictador Alberto Fujimori, y ya con nueva Constitución, las elecciones se reinician el 2002. Estamos participando en el cuarto proceso consecutivo y eso es bueno.

Si bien es cierto, que las elecciones se han ido perfeccionando y en los resultados son totalmente confiables; la mayor liberalidad para la participación ha llevado a una gran proliferación de organizaciones regionales y locales que se suman a los partidos políticos que tienen dimensión nacional. Durante dos procesos, en el caso regional, son los movimientos de esa índole los que han desplazado a los partidos políticos; en el caso local, igual existe una mezcla entre organizaciones locales y regionales, y en menor medida partidos políticos.

Las elecciones, son la oportunidad de los ciudadanos para elegir y ser elegido. Al responder a caudillismos o vivezas regionales y locales, los ganadores asumen una actitud caudillista e imperativa, ajena a toda fiscalización y control político. Solo se deben a ellos mismos, a sus parientes y a sus amigos. Existen ejemplos de buenos gobiernos, pero es tanta la diversidad de provincias, distritos y regiones, que prevalecen los ejemplos de corrupción y liviandad institucional.

En un proceso electoral se ven propuestas que buscan mantener el statu quo o se plantea una ruptura a él. Quienes se encuentran en el poder tratan de mantenerlo y si no están participando buscan al que más opción tiene. Le asignan recursos al candidato, trabajan evidente o soterradamente en su campaña, y esperan que un pusilánime o un avieso personaje después les reconozcan sus "esfuerzos".

Si bien es cierto, que los caudillismos y este tipo de distorsiones no se pueden limitar; lo que si debe quedar claro para el futuro, es cómo se hace más eficiente el control ciudadano, el control social, el político y el institucional. En tanto, seguiremos viendo debates de candidatos, "guerra sucia" entre ellos; firma de pactos que nadie cumple y euforias que culminarán tras conocerse los resultados.

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Juan Manuel propaganda