La muerte de Omar Vinces y la impotencia de un pueblo

Andrés Vera Córdova
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ERP. Negritos es un pueblo asentado en la provincia de Talara. A él llegaron muchos piuranos y de otros lugares llamados por la fiebre del petróleo y también por las bondades de su mar, que son una oportunidad y al mismo tiempo un peligro constante. Lo demostró el último fin de semana, cuando la vida de un joven estudiante, se esfumó entre sus aguas, expectorándolo después ya fallecido.

Más la historia no queda allí, en Negritos no existe Médico Legista y certificar una muerte es casi un imposible. El dolor por la pérdida de una vida abruptamente y el cumplimiento de los términos legales, turbó los ánimos de los familiares del joven Omar Fabricio Vinces Vargas y decidieron frente a la desidia del Ministerio Público, recuperar el cadáver que debería ser sometido a la autopsia de Ley.

Bastaría imaginar lo que siente una familia, cuando la desgracia llega a ella. A los amigos del fallecido, o al pueblo mismo sorprendido por una pérdida de una vida humana. La desgracia se expresa en dolor y llanto, en tristeza e imprecaciones, en frustraciones e impotencia.

¿Cómo deberíamos actuar, si tras esta tristeza e impotencia, un funcionario público no está o no existe?. Lo acontecido en Negritos, simplemente es aleccionador de las cosas que deben superarse para evitar que la desesperación turbe a un pueblo.

Recordando el cuento de “Taita Dios nos señala el camino” siguieron la ruta del dolor causada por la pérdida del adolescente, lo lloraron a viva voz, se encorajinaron por tanta deficiencia pública; gritaron en señal de impotencia y luego, ingresaron con la misma fuerza de su pena a la morgue para retirar el cuerpo que debería ser autopsiado recién este martes.

No es el dolor de esta gente, que ve ida la vida de un ser querido, que debe soportar no solo el hecho de perderlo para siempre, sino de esperar con la paciencia que no se puede tener, que venga un médico que debería estar tan presto para cumplir con su labor legal.

El mar que nos motiva para refrescarnos en verano, que lo vemos inmenso y en esa inmensidad develar sus misterios y secretos, que nos permite el alimento a veces con abundancia y otras con escases, nos obliga a interactuar con él y muchas veces nuestros brazos son insuficientes para regresar al lugar de donde partimos.

Nada tenemos que reclamarle en su inmensidad y misterio y queda de él, solo aceptar el designio, aunque ello signifique entender y aceptar el dolor por la pérdida de un familiar, de un amigo o de un simple desconocido.

Sin embargo, allí donde la ciudad se organiza y distribuye; donde no solo debe existir Policía Nacional y otras instancias, la necesidad también determina que deben haber salvavidas que no existen en Negritos y lo que es peor, tampoco médico legista. El primero, es una leve esperanza frente a lo inevitable y el segundo atender un cuerpo fallecido. Ambos son importantes y deben ser una prioridad.

Contra la desgracia, el propio mar devolvió el cuerpo del fallecido; los familiares y amigos lo llevaron a su domicilio y el procedimiento indica la actuación del profesional. Allí comenzó la odisea e indignación. Omar Fabricio Vinces Vargas, falleció por ahogamiento, de ello no cabe duda, su cuerpo inmóvil espera la certificación de su muerte y sorpresa, en este distrito no existe un profesional que realice esta función pública.

Los amigos y familiares suman a su dolor, el pedido de paciencia, les dicen que ya llega y no llega, que ya viene y no viene, que será hoy y que será mañana, que esperen y ya han esperado bastante y ya no pueden soportar tanta negligencia pública.

Llegan a la morgue donde yace el fallecido, primero observan desde afuera y una voz y una acción emerge en el tumulto, buscan formas de ingresar al inmueble y alguien descubre la forma e ingresan y se llevan el cuerpo de Omar; podrán decir tantas cosas y tratarán de buscar culpables; más no se escucha en absoluto la razón que llevó a esta singular acción. Es la negligencia.

¿Cuánto de dinero aportó y sigue aportando Negritos al erario nacional?. Mucho desde el siglo XIX y lo seguirán haciendo, contra toda lógica no tienen ni salvavidas, y tampoco un médico legista que los atienda en la desgracia y en el dolor.

La muerte de Omar ya no es muerte y trae una lección que se mantendrá como una obligación de prioridades. Primero, adoptar medidas de seguridad para prevenir desgracias frente al mar y segundo, lograr que un médico legista esté presto para realizar su actuación pública. Es la lección que nos da, al conocer el desenlace, que se asienta en la negligencia pública.

Pristina 255