Los curatos nuevos

Miguel Arturo Seminario Ojeda
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ERP. (Por Miguel Arturo Seminario Ojeda) Probablemente algunas personas mayores aún siguen usando la palabra cura para referirse a los párrocos, y aún para todos los sacerdotes, porque esa era la usanza general, continuada desde tiempos virreinales, como se registra en la documentación virreinal y hasta bien entrada la República, en que se impuso finalmente el uso de la palabra parroquia por la de curato.

En documentos tempranos del siglo XVI, y en publicaciones, que solo pueden ser y son consultadas por los especialistas en la investigación histórica, y de ciencias sociales en general, tanto en archivos, como en bibliotecas especializadas, se registra la división eclesiástica de Piura en curatos, aún de tiempos en que este espacio dependió eclesiásticamente del obispado de Quito, diócesis sufragánea de la Arquidiócesis Metropolitana de Lima.

La división de Piura en curatos, se mantuvo casi inalterable hasta fines del siglo XVIII, cuando llegó a estas tierras el obispo de Trujillo, Baltasar Jaime Martínez Compañón y Bujanda, e hizo un recorrido minucioso por todo el corregimiento de Piura, justo un poco antes de que el corregimiento se convirtiera en subdelegación.

Miguel Arturo Seminario Ojeda

Coincidentemente, unos años antes de la llegada del obispo Martínez Compañón, el visitador Antonio de Areche, había ordenado la supresión de las Cajas Reales de todo el virreinato, y en su lugar se crearon aduanas divididas en aduanillas, que fueron el resultado de la observación de los circuitos comerciales en el interior de cada corregimiento, dividiéndose a Piura, de acuerdo a estos indicadores económicos y geográficos, de parte de un diestro funcionario de la corona española, a quien solo recordamos por el rol que desempeñó frente a la revolución de Túpac Amaru II.

Además, desde fines del siglo XVII ya existía en el corregimiento de Piura, una serie de subdelegaciones, motivadas por las distancias, y porque los asuntos de justicia se dilataban y resultaban costosos, si solo eran tratados en Piura, por lo que progresivamente se fueron creando otras subdelegaciones en Ayabaca, Huancabamba, el Alto Piura, el Chira, y en la jurisdicción de Tumbes.

Una de esas subdelegaciones, fue la de La Punta, jurisdicción cuya cabecera estaba en el lugar de paso de las personas en balsas y canoas, sitio conocido con ese nombre, sobre cuyo territorio se creó luego la aduanilla de La Punta, generando la congregación temporal de las personas por temas económicos y de justicia, a esto se agregó la disposición del cura vicario de Piura, de colocar a un teniente de cura, para atención del socorro espiritual de la feligresía desparramada en esos campos, es decir que la delimitación económica, de justicia y religiosa, coincidía con los mismos espacios.

Fue en estas circunstancias, en las que el obispo Martínez Compañón llegó a Piura, y tras observar la realidad social, y espiritual de su feligresía, procedió a ejecutar las reformas que le correspondían de acuerdo a su investidura y autoridad eclesiástica. En su recorrido, había confirmado a los católicos que aún no habían recibido este sacramento, y fue dejando el registro que hoy es una fuente demográfica interesante para la historia de todo el antiguo obispado de Trujillo.

A partir de la dinámica a cargo del teniente de cura que observó en La Punta, y como lo había hecho ya en toda su jurisdicción eclesiástica visitada, dispuso de inmediato, que esa jurisdicción se convirtiera en un curato, o sea, en un espacio autónomo, con administración de un cura propio, o párroco, como se dice hoy. Para esto, 200 años después, Martínez Compañón tuvo en cuenta las recomendaciones que se tomaron en el Concilio Limense de 1583, de poner cura propio en los lugares donde hubiese de 200 a 300 indígenas tributarios, o sea de 1000 a 1500 habitantes.

Y así lo hizo Martínez Compañón, al fundar los pueblos, categoría urbana que el mismo obispo menciona en su informe, había fundado pueblos, que se convirtieron en las cabeceras de los nuevos curatos. Los nuevos curatos surgieron a medida que el obispo pasaba por las jurisdicciones que iba independizando, siendo en orden sucesivo a su itinerarario, los de Congoña, Sóndor, Pacaipampa, Chalaco, Chocán (de Ayabaca), Quiroz, La Punta, Querecotillo, Amotape, La Huaca, y Salitral (de Morropón), que funcionaron como divisiones, inicialmente, hasta que se les dio autonomía total en 1826.

O sea, la autonomía eclesiástica de varias de las actuales parroquias de Piura, fue obra del Obispo Martínez Compañón, en 1783. Esto tiene un profundo significado para la identidad local, distrital y provincial en Piura, que se junta con la reforma que en materia de hacienda hizo el Visitador Antonio de Areche; y la instalación de Tenencias de Corregidor que se hicieron en la segunda mitad del siglo XVIII, contribuyendo estas tres medidas de orden eclesiástico, económico y de justicia, a la configuración de los distritos republicanos en Piura.

El curato de La Punta, hoy Sullana, fue creado en marzo de 1783, disponiendo de inmediato el obispo, que se lleven los libros de bautismos, defunciones y matrimonios, de manera independiente, ya no en Piura, donde hasta hoy se conservan los registros sacramentales administrados a los católicos del Valle del Chira, hasta marzo de 1783. El primer niño bautizado fue el indígena Juan José Chorre Quezada quien recibió el sacramento el 28 de abril de 1783. Poco después, se pondría a la iglesia parroquial, bajo la advocación de la Santísima Trinidad.

Diario El Regional de Piura

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