fbpx

El pastel de fuente de Querecotillo

Miguel Arturo Seminario Ojeda
Typography
  • Smaller Small Medium Big Bigger
  • Default Helvetica Segoe Georgia Times

ERP/Miguel Arturo Seminario Ojeda. Hacía muchos años que no comía un pastel de fuente como el que hacía mamá, eran de textura crocante, con sabor a canela y vainilla, tan ricos, que después de haber probado varios en los últimos años, ninguno era como el de ella, hasta que comí uno hace poco en Querecotillo, trasladándome hasta el mismo escenario de mi infancia y adolescencia, cuando probaba siempre ese pastel que debe ser uno de los dulces árabes que las moriscas trajeron a Piura, en plena conquista del Perú.

En los años de la conquista vinieron mujeres moriscas a Piura, trayendo con ellas las costumbres, la dulcería y las comidas que por varias generaciones habían ingerido sus antepasados. Juan José Vega, el notable piuranista desaparecido hace unos años, siempre afirmó que los zarcillos que se hacen en Catacaos tienen un origen árabe, de igual manera las natillas, las chancacas y las acuñas, como lo es también el milhojas, el turrón, los picarones, y otras delicias entre las que se cuenta a los bocadillos de Ayabaca que deleitan el paladar de los piuranos.

Todo esto se explica, por ejemplo con las natillas, porque en la Piura prehispánica no había ganado cabrío ni chancaca, materia prima para ese rico potaje; tampoco la miel de caña para las chancacas, ingredientes para la dulcería mora, como lo pude constatar después, cuando me deleite probando los dulces y mazapanes que hacía en Córdoba, Argentina, mi estimada amiga árabe de Siria, Elena Salomón Viuda de Assef.

Cuando el 17 de junio pasado terminamos de cenar en casa de Hortensia Seminario Gallo, Carlos Arrizabalaga Lizárraga, quedó encantado del paladar, como lo estaba Juan Carlos Adriazola, el pastel de fuente resultó el complemento perfecto del copús de chancho y de pavo que preparó Lucía (Lucha) Gallo Camacho, realmente era una maravilla, hacía tiempo que no comíamos así

Indagué por la autora del pastel, quien lo había hecho, era indudable que una maravilla así no había salido de las manos de Hortensia, pero era seguro que conocía a la dueña del arte de la dulcería, que en Querecotillo es gran exponente de la pastelería, se llama Alicia Campos Montero, esposa de Alberto Campos Vinces, continuadora de la receta de su mamá Alicia Montero Aguilar, quien a su vez lo aprendió de una señora de Piura que en febrero de todos los años venía a la feria del Señor de Chocán. De la misma señora de Piura aprendió a hacer los exquisitos alfajores de Piña, otra maravilla árabe, los alfajores, que también trajeron las moriscas y se quedaron con diferentes presentaciones en todo el Perú.

Cuando voy a cualquier lugar del Perú, siempre ingiero las comidas del sitio al que llego, sus dulces y panes, y visito sus cementerios, casi nunca me quedo sin hacerlo, es una vieja costumbre, siempre lo hice desde niño. Indudablemente, a todo lo que ingiero le pongo nota, aún a los refrescos; y a este pastel de Alicia Campos Montero, le pongo 19, del 1 al 20, merece un 19, tanto para el pastel de fuente como para el alfajor. Estoy seguro, estimados lectores de El Regional Piura, que si ustedes lo prueban lo pedirán siempre que tengan alguna fiesta familiar cargada del sabor tradicional de ayer. El pastel de fuente no debe faltar en las mesas de navidad, y fiestas familiares, los piuranos debemos rescatar las recetas de ayer, y mantenerlas vivas para siempre. Gracias señora Alicia Campos Montero, por guardar esta receta cargada de tradición piuranísima.

Pristina 255