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José de Lama "El padre de los pobres"

Miguel Arturo Seminario Ojeda
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ERP/Miguel Arturo Seminario Ojeda. Cuando se iniciaba la República en el Perú, el poder económico en Piura, lo detentaban los dos más grandes terratenientes de la zona, que eran, don José de Lama y don Francisco Javier Fernández de Paredes, el marqués de Salinas. Entre ambos había una notoria enemistad.

José Lama adquirió las haciendas Máncora y Pariñas de propiedad del hospital Santa Ana de Belem de Piura, administrado por las Madres de ese lugar, en esas haciendas, José de Lama creó una próspera ganadería.

Sobre José de Lama, se afirma que era un hombre muy despierto desplegando una gran actividad en múltiples empresas, dedicándose inclusive a la industria del jabón, que era uno de los motores económicos de Piura desde el virreinato, adquiriendo una casa-tina en los contornos de la ciudad de Piura. Por la de una gran cantidad de mulas que tenía, también se dedicó al arrieraje.

José de Lama era un hombre inluyente, y como lo dimos a conocer en un artículo publicado en El regional Piura, el 4 de enero de 1821 fue un gran colaborador de Jerónimo Seminario y Jaime en la Proclamación de la Independencia de Piura, convirtiéndose en alcalde de 2do voto en el primer Cabildo Independiente de la ciudad.

El nuevo conductor de la hacienda Máncora, don José Lama aprovechó los pastos naturales que había en el fundo y multiplicó, como su propietario, las cabezas de ganado vacuno, caballar y mular; y por sus vínculos personales y comerciales se transformó en uno de los principales proveedores del ejército en la región. En1828 hubo lluvias intensas, que contribuyeron al aumento de pastos, beneficiando a la ganadería de José de Lama, con el consiguiente incremento de su capital ganadero.

Como consecuencia de la guerra entre el Perú y la Gran Colombia, en 1828, el presidente La Mar, con la escuadra y parte del ejército llegaron a Paita y continuaron a Tambogrande donde se acantonaron. El ejército peruano contrato con José Lama el abastecimiento de carne de ganado vacuno; y también para las marchas, ganado caballar y mular. En ese momento José de Lama estaba confinado a la frontera por problemas vinculados con asuntos políticos.

Trasladar el ganado desde Máncora hasta Tambogrande, significaba hacer un gran rodeo con la demora consiguiente, mientras era urgente la necesidad de carne para los soldados. Lama, teniendo en cuenta las urgencias por la guerra, hizo desplazar sus ganados por las tierras de Mallares, propiedad de Francisco Javier Fernández de Paredes, por ser el camino más corto, generando la protesta del marqués, por el consumo de sus pastizales, oponiéndose al paso del ganado, generándose una queja de José de Lama ante el presidente La Mar, quien el 1° de noviembre hizo notificar al marqués para evitar dificultades al paso del ganado, que el ejército requería para su viaje hasta la Gran Colombia.

Cuando terminó la guerra, y siendo presidente del Perú don Agustín Gamarra, Don José de Lama inició gestionó, para que se cambiase el contrato de arriendo enfitéutico que tenía de la hacienda Máncora, por otro de propiedad definitiva, lo que ha generado controversias en su interpretación, dado que el estado, al parecer, no había expropiado la hacienda aún, para proceder a la venta. Ante una queja del Cabildo de Piura, y de las religiosas del hospital de Belem, el Estado acordó el pago a perpetuidad, de una renta anual de 2.070 pesos, que se pagó hasta la década del 50 del siglo XX.

Por su parte, José de Lama se comprometió a entregar de por vida semanalmente un “camarico”, o sea una gran encomienda al hospital de Belén, lo que cumplió hasta su muerte en 1850, a través de Pedro Sandoval, mayordomo del fundo “La Capilla”, quien trasladaba puntualmente las frutas, hortalizas y aves prometidas hasta el convento. Por esta razón, tras la muerte de José de Lama, las monjas, que ya lo reconocían como “el padre de los pobres”, pusieron esta frase en la lápida de su nicho.

José de Lama falleció en 1850 en La Capilla, sus restos se trasladaron a Piura y fueron sepultados en el Cuartel San Carlos, Nicho 14 del cementerio San Teodoro de esa ciudad. En ese sitio hasta hoy reposan sus restos, con la inscripción “Fue El padre de los pobres”.

Miguel Arturo Seminario Ojeda/Presidente Honorario de la Asociación Cultural Tallán.

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