¿Metiendo goles a la net con una pelota de básquet?

Nelson Peñaherrera
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Por: Nelson Peñaherrera Castillo. Uno de los legados del eterno Daniel Peredo es haber convencido con cariño y ciencia (de la información, lógico) para que la gente aprenda a apreciar el fútbol como factor de cohesión nacional. Listo. Nos puso la valla supremamente alta al resto de periodistas, comunicadores y afines. Me cuento entre los seguidores que alguna vez fueron indiferentes, y esa transición la veo como positiva porque nos ha permitido, por contraste, intuir la nación que queremos.

En mi parrilla de programas de radio o televisión que sigo, en efecto, están los deportivos, y los sigo con gusto. Uno de ellos, y de escucha obligatoria, es “Fútbol como cancha”, de la cadena de radio RPP, que me ha acostumbrado a apreciar un análisis muy inteligente de la realidad pelotera peruana gracias a la frialdad enciclopédica de Diego Rebagliati, la metódica pormenorización de Paúl Pérez y la experiencia docente de Daniel Kanashiro, sin desmerecer el talento del resto del equipo; de hecho, me declaro fan de Milena Merino.

Y tengo allí una crisis existencial porque también soy fan de Sofía Carrillo, de Radio Nacional del Perú, con quien, además me une una amistad personal y horas de vuelo estudiando y haciendo activismo contra el racismo y otras formas de discriminación. Fue Sofía, de hecho, una de las activistas quien metió a las canchas peruanas de fútbol el mensaje antirracista mucho antes que la FIFA lo normalizara en todos sus encuentros internacionales tras el incidente Alves en 2014.

Más que un gesto políticamente correcto, se trata de una medida necesariamente educativa, de algo que nos enseñe a razonar que somos humanos por encima de todo. Y ésa es una de las evoluciones destacables: el periodismo deportivo se ha profesionalizado y humanizado tanto en los últimos años que, al menos, el programa de RPP no se agota en mencionar marcadores y en entrevistar jugadores, sino que va a la raíz político-administrativa del deporte que, hay que reconocerlo, llama la atención de una gran mayoría en este país, y curiosamente te conecta al resto de las esferas de la vida nacional.

Además, ha asumido campañas en favor de la transparencia administrativa, el combate contra la violencia y el fomento de referentes deportivos positivos. Y si lo conectamos a la vida política peruana, podríamos partir de esta premisa: la política, más que estar llena de gestos, tiene que estar llena de acciones afirmativas.

Fíjate que el lunes 14, Rebagliati, quien suele ser altamente mesurado en sus conceptos, criticó la forma cómo se están manejando los clubes que están tanto en la primera como en la segunda divisiones del fútbol peruano, y que estaban cambiando estatutos la semana que pasó, diciendo algo así –y te estoy parafraseando, Diego, ojo- que el sistema de propiedad debería mutar a un esquema más competitivo y empresarial, donde si bien hay un dueño, éste debería confiarle el manejo a gerencias especializadas en deportes, no generar una especie de caudillismo donde quien tiene la plata sacada quién sabe de qué actividad alucine que eso basta y sobra para conseguir un campeonato.

En otras palabras, que la administración del fútbol peruano no solo debe profesionalizarse al detalle, sino que debe permitir que el manejo profesional sea la norma. Y ojo a esta segunda premisa.

El comentario de quien fuera dirigente deportivo (del Sporting Cristal, o como pase a llamarse tras su compra), y que previamente fue jugador de fútbol (ídem), disparó un resorte en mi cabeza. ¿Cuán profesionalizado está el poder, sea público o privado, en el Perú no solo en términos deportivos, sino en todas las actividades que nos mueven como país?

Como ustedes saben, se nos vienen elecciones parlamentarias y se supone que se están preparando las candidaturas que serán nuestra oferta a marcar el próximo 26 de enero. Se supone también que la experiencia vergonzosa del Congreso peruano era suficiente escarmiento para que los cuadros sean mucho más capaces, honestos, equilibrados y especialmente entonados con la ciudadanía.

Hace un domingo me contaron lo que pasó en una reunión de campaña donde la ignorancia y las falacias salían tan natural como los agudos de Ima Súmac. Si no saben quién fue, investiguen al menos. Entre los acuerdos que casi se toman se contaban pedir obras para Sullana, hacer leyes que beneficien a Sullana y pedir beneficios laborales a nivel de las horas extra.

A ver, comencemos por el ABC del Poder Legislativo. Sus tres funciones básicas, de acuerdo con nuestra Constitución, y salvo mejor parecer son dar leyes, representar a la población y fiscalizar el trabajo del aparato público. Listo, no hay más. Entonces, el Congreso no hace obras porque éstas son competencia exclusiva de los tres niveles de gobierno (nacional, regional y local), no hace leyes locales porque eso es competencia de las municipalidades. En todo caso si aspiras a eso, no postules a congresista sino a regidor en 2022. Y sobre los beneficios laborales pues… ya están legislados y sobre fórmula matemática incluso (aparte que el Congreso no administra presupuesto nacional de inversión ni aprueba las inversiones públicas).

Por supuesto que una golondrina no hace el verano, pero del saque me demuestra que quienes pretenden postular al Legislativo están más perdidos que eñe en alfabeto cirílico. Si tampoco saben qué es un alfabeto cirílico, investiguen. Y más que descalificarles, éste es un jaloncito de orejas ciudadano y cariñoso para que antes de nada, antes de siquiera calcular si tienen posibilidades de quedar como accesitarios, primero se enteren de qué va el tema, y todo está en la Constitución, o sea, tampoco hay que llamar a un oráculo; luego hay que salir a la comunidad y detectar qué anda aún en vacíos legales (y verificar que el vacío exista, efectivamente), y ver si puede impulsarse como una plataforma de campaña.

Y la tarea que se tiene que hacer todos los días: leer, leer, leer, y entender lo que se lee para no caer en estos exabruptos que, francamente, avergüenzan.
Y si bien la Constitución no exige –ojo- que el título profesional sea un requisito para postular al Congreso (a ver: nacionalidad peruana, mayor de 25 años de edad, sin sentencias desfavorables en primera instancia), sí me parece que el nivel de instrucción de nuestros candidatos y nuestras candidatas sea tan alto como su catadura moral, además con un evidente récord de trabajo comunitario que nos permita ubicarles al primer golpe de vista o a la primera mención; si no, el esfuerzo de mercadeo político será un poco más complicado.

En otras palabras, el trabajo congresal debería estar altamente profesionalizado, lo que incluye ser competente, ser ético y ser visionario. Sí, solo estarán por año y medio pero nos merecemos como electorado algo mucho mejor de lo que hemos elegido, y sí existe. Yo creo que eso, al margen de la tendencia política, sí podría comenzar a mirarnos con otro rostro, y comenzar a cohesionarnos como nación, como Peredo luchó por conseguirlo desde su trabajo como periodista (lo que nos dice que, además, tenía claro su rol ciudadano), con cariño y ciencia. Quizás la base de nuestro progreso esté ahí. Probemos.

Como le decía a una de mis profesoras por Facebook, precisamente en la era de la información al periodismo le ha tocado una tarea muy chévere (si me permiten el caribeñismo) que consiste en poner a la ciudadanía frente a un espejo donde se refleje, se reconozca, note qué cosas hay que potenciar y enmendar, aprenda cómo se maneja su sistema democrático, aprenda a categorizar información y tome una decisión inteligente no solo al momento de votar sino en cualquier momento. Por lo menos, a mí me queda claro que despistados, con problemas de salud mental, con cuentas pendientes ante la ley y caudillos histriónicos, no quiero.

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