¿Esclavízame para que me liberes?

Nelson Peñaherrera
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Por: Nelson Peñaherrera Castillo. Al recordarse otro Día del Amor y la Amistad, no deja de verse con preocupación cómo estamos construyendo nuestras relaciones interpersonales en ambos rubros. ¿Aún estamos buscando esa empalagosa trampa del príncipe azul o la princesa de ensueño, o ya lo hemos superado por el de hacer una vida con alguien que nos brinde afecto, libertad, respeto y proyección? La conciencia de cada quien juzgará.

Definitivamente una relación circular y equitativa es el ideal pues no se trata de competir y subyugar, sino de colaborar y avanzar. O al menos ése es mi punto de vista.

Y lo menciono porque ayer me llegó la notificación de los mensajes de un 'feed' en el que revisamos la incidencia en contra de la violencia de género. Estaban preguntando si hoy se iba a hacer alguna acción pública para señalar el tema.

Además de la fecha, la coyuntura está caliente con los casos de violencia sexual en particular (¡70 denuncias por día a nivel nacional!). Recordemos que la violencia física, la psicológica y la económica son los otros tipos de violencia de género que pueden presentarse, y todos parten de la patológica premisa que uno de los sexos debe dominar al otro, lo que por lógica implique que el dominado se subyugue. ¿Por qué? En principio porque se considera al sexo opuesto (y todo lo que creemos que representa) como algo superior o inferior a mí, pero no a mi nivel.

dia de la amistad

Entonces, siguiendo el razonamiento patológico, si el otro sexo está muy por encima o muy por debajo de mi estándar culturalmente aprendido -o rol de género- y mi autoestima anda por los suelos gracias a un aprendizaje basado en violencia, la utilizaré para 'normalizar' las cosas y tener el control de la situación.

Aunque no soy especialista en salud mental, podría ensayar la teoría que los casos de agresión, vengan de donde vengan, ya es el desborde causado por la frustración de no tener las cosas bajo 'ese control, y en nuestro afán de 'equilibrarlo' a nuestro criterio parcial, podemos terminar hiriendo o hasta exterminando a quien decimos amar. Éstos ya son los casos graves, y que terminan saltando a las noticias policiales.

Según especialistas, la solución es bien práctica: eliminar nuestro proceso de formación personal basado en el machismo y cualquier otro tipo de discriminación. Fácil de escribirlo, pero nos sigue costando, y bravo por quien logra ir avanzando un peldaño más en la construcción de una sociedad horizontal y libre de violencia.

El caso es que, incluso quienes dicen promover este escenario podrían estar promoviendo con sus acciones todo lo contrario de lo que pregonan en el discurso.

Volvamos al mensaje que les contaba líneas arriba. Se trataba de alguien pidiendo organizar una acción pública contra la violencia de género. Como nuestra consigna ahora es darle la antorcha a la ciudadanía en general para que impulse una agenda que reduzca y elimine el problema, contesté diciendo éso, que sería importante que ahora la ciudadanía tenga más protagonismo, y ya no las figuras públicas (léase artistas).

Me quedé helado cuando me respondieron que son miles de víctimas que necesitan apoyo, y qué lástima que ahora demos la espalda, pero que gracias después de todo. O sea, el típico chantaje emocional.

La pregunta que me vino al cerebro es cuán complicado resulta que la ciudadanía se apodere de una iniciativa que siente una corriente de opinión contra la violencia de género. Sí, de acuerdo, Ni Una Menos la hizo linda; pero, la vocería no es exclusiva de este colectivo (sin desmerecer todo el esfuerzo que sigue haciendo día a día por señalar, prevenir y acabar con el problema).

Repliqué entonces que la idea es respetar los espacios de interiorización del problema de cada persona, de tal modo que si, tras éste, se convence que algo tiene que hacer para prevenir o atacar a la violencia, entonces lo hará sin esperar una fecha, una consigna o una invitación. Lo hará y listo, y si nadie sigue, igual lo hará.

Me respondieron que entendían el razonamiento, pero que al haber muchas víctimas que no se animan a dar la cara por temor a represalias, alguien tiene que hacerlo por ellas. Encima me chantaron que solo una víctima es capaz de sentir la urgencia de actuar.

Sí, de nuevo el chantaje emocional.

Dije entonces que no hace falta ser víctima para sentir solidaridad, pero en todo caso, ya existen ahora instancias con agendas muy parecidas, tanto en la sociedad civil organizada como en el Estado, que pueden tomar los casos e irlos resolviendo según sus particularidades, no en mancha porque cada víctima necesita su propio abordaje basado en muchas circunstancias que podrían parecerse al de otras víctimas, pero que si se mira con cuidado, no siempre es así.
Me insistieron que era necesario que alguien tome la vocería. Yo preferí no responder porque estaba claro que si se trata de una víctima, como lo sugería, mi capacidad de abordaje no era la adecuada y se necesita el consenso de especialistas que puedan hacer un enfoque más integral. Y es que el activismo puede ser efectivo para hacer bulla, pero gestionar una estrategia ya son palabras mayores y requiere otro tipo de dinámicas, protocolos y acciones, además de sinergias.

Pero, si no era una víctima y exigía a la celebridad para sentirse representada, una de dos: o como es año electoral, necesitaba con urgencia la selfie para luego emplearla en su campaña proselitista (como quiso hacerse en Sullana), o se trata de alguien que aún cree que las relaciones basadas en la dependencia de cualquier tipo se resuelven construyendo relaciones de dependencia de cualquier tipo.

Me resisto a creer que estuviera buscando una reacción violenta mediante el uso del chantaje emocional. Eso sí sería un caso clínico.
A final de cuentas, si estamos luchando por obtener y respetar la libertad de las personas para ser felices y realizarse, ¿por qué tenemos que renunciar a ella? ¿No es por lo que nos enfocamos al margen de nuestras diferencias, acaso?

O quizás me he empoderado demasiado, o quizás me estoy insensibilizando. Es otra posibilidad válida también.

(Opina al autor. Síguelo en Twitter como @NelsonSullana)

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