¿Al Parlamento peruano le importa la vida de las mujeres?

Nelson Peñaherrera
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Por: Nelson Peñaherrera Castillo. El Congreso de la República del Perú aprobó el jueves una modificación en el Código Penal que básicamente eleva en cinco años las penas efectivas por violencia hacia las mujeres y otorga protección legal a niños, niñas y adolescentes: ahora un feminicida puede recibir entre 20 a 35 años de cárcel cuando antes solo podía penársele de 15 a 30; sobre éso, solo está la cadena perpetua. ¿Positivo? Sí, lo es; pero sigue siendo insuficiente y ha sido tardío.

Obviamente, todas las tiendas políticas celebraron a cuál más el logro y se irrogaron o atribuyeron el triunfo; pero, cuando uno revisa la estadística, descubre que no hay nada que celebrar. Según el diario El Comercio de Lima, existen hasta 29 proyectos de ley para abordar la violencia de género, y hasta antes de la "victoria" del jueves solo se aprobaron... tres. Sí, tres, o sea poquito, un pelito más, de la décima parte. ¿Francamente es motivo para celebrar? [Cfr- http://ow.ly/vSUu30jSfpb]

Además, según el Instituto Nacional de Estadística e Informática reveló hace un año, 17 por cada 25 mujeres en 2016 fueron víctimas de alguno de los tipos de violencia de género, habiendo mayor prevalencia en la psicológica (la que "convenientemente" no deja huellas físicas). Quien quiera profundizar, puede entrar a https://www.inei.gob.pe/estadisticas/indice-tematico/violencia-de-genero-7921/

La ONG Promsex, una de las que últimamente está desarrollando un activismo fuerte en cuanto escenario existe, se pregunta si al Congreso de la República la vida de las mujeres le importa. Si nos ponemos estrictamente numéricos, podríamos responder que muy poco tirando para nada. Es más, yo diría que el héroe de la súbita reacción parlamentaria es el colega René Gastelumendi, de América Noticias, quien el domingo 6 publicó en Cuarto Poder un indignante reportaje en el que establecía que los proyectos de ley no estaban pasando por la absurda razón de que contienen la palabra género, y en base a opiniones de nuestras y nuestros "desprejuiciados" congresistas demostró que el cabildeo religioso-conservador existente, especialmente en la mayoría, ha sido la principal causante de que diversas iniciativas, que no solo innovaban el marco legal sino que hacían transversal la perspectiva de género en todos los ámbitos gubernamentales, fueran bloqueadas.

Lo malo del reportaje es que nunca definió qué es género, como para que la audiencia tuviera una base de juicio, y lo peor fue oír cómo ciertos congresistas confundían a trastabilladas género con homofilia, autosugiriéndose como una especie de profetas religiosos. Olvidan que el Perú es un estado laico. 

El colega Augusto Thorndike (nótese cómo son los varones quienes están empujando el carro, al menos, en América TV) trató de salvar capote a esa pequeña pero crítica falencia del reportaje, leyendo la tercera acepción que da la Real Academia de la Lengua Española (RAE) sobre la palabra género, algo intrincada, pero que podría resumirse de la siguiente manera: la pertenencia que sentimos las personas según decidamos vivir nuestra sexualidad, y que tiene que ver más con un tema cultural antes que biológico. Claro que la interpretación es mía, por si acaso.

Dicho en sencillo, género es el patrón cultural bajo el que vivo mi sexualidad, y que puede coincidir con el patrón cultural de la mayoría, de una minoría, o puede ser una elaboración estrictamente personal al margen del resto (ésta última me gusta más). Sigamos.

Lo que le faltó decir a Thorndike es que la RAE es la misma organización que ha dictaminado la impropiedad del lenguaje inclusivo, alegando que el género gramatical masculino contiene al género gramatical femenino. También olvidó criticar a la RAE esa política de aceptar cualquier neologismo, barbarismo o anglicismo reggaetonero como nueva voz del castellano, cuando se olvida que la idea es cuidar la corrección del idioma sin desmedro de su evolución. Pero, volvamos al punto.

Que el Congreso se demoró en reaccionar ante la crisis de violencia de género -que el sociólogo Nelson Manrique ha nombrado como terrorismo de género (aclarando que él no creó el término)-, se demoró y bien demorado; y antes que salir a celebrar, debió salir a pedir perdón, porque sobre sus hombros están las muertes y las heridas físicas y psicológicas de miles de mujeres en todo el Perú que no han hallado, no hallan y siguen esperando hallar justicia. si nos ponemos puristamente legalistas, los y las congresistas son cómplices de tales agresiones por omisión. Claro que su impu..., perdón, inmunidad parlamentaria les libra de cualquier proceso, pero la complicidad no se las quita ni un baño en el río Ganges.

Obviamente, el Congreso no tiene toda la culpa. Como ya expusimos por acá los operadores de justicia la comparten, a menos que los medios de comunicación los pongan en evidencia a nivel nacional e internacional, y también la tenemos los ciudadanos y las ciudadanas cuando no nos ponemos fuertes -ojo, fuertes, no violentos- al exigir que cada estamento cumpla con su deber.

pero, lógicamente, todo parte de qué apruebe o desapruebe el Legislativo, y antes que basarse en la Biblia, el Corán, el Mahbaratha, el Códice Dresden, el quipu olvidado de Yanaoca (¿existe?), la escritura pallariforme chimú o los petroglifos de Sapillica, debe partir del razonamiento de que solo pueden regular las libertades personales una vez que amenacen o agredan objetivamente las libertades del resto, y ésto no es relativo porque nuestro Código Penal es uno de los más precisos en este particular. Así que, si bien endurecer las penas ayuda, se debe exigir que la ley se cumpla en igualdad de condiciones y oportunidades, y que no se tenga temor de la transversalidad del enfoque. Digo, no necesito ser víctima para darme cuenta que éso debió hacerse ayer.

"Urge se convoque a un Pleno Mujer para mejorar el marco penal, la respuesta institucional y las políticas educativas y culturales frente a la violencia de género", sugiere el congresista Gino Costa en su cuenta de Twitter. "¡El Congreso debe comprometerse de verdad con las mujeres del Perú!

Pero, ¿cuál sería la agenda, señor congresista, si queremos ponernos acertadamente estructuralistas?

De entrada, creo que tenemos que atacar los siguientes cinco puntos:

1. Garantizar una atención cálida y de calidad a las víctimas de violencia de género, devolviéndoles la confianza en sí mismas y en el sistema que las acoge.

2. Persuadir a los agresores potenciales y perseguir punitivamente a los agresores de hecho, no desde un enfoque violento (o sea, el método "Tengo algo que decirte" no aplica), sino rehabilitador, reinsertante, siempre que el caso lo permita.

3. Denunciar y castigar la discriminación de la que son objeto los y las activistas contra la violencia de género y los crímenes de odio, sea cual fuere el espacio en el que se dé, y venga de donde venga, no porque tengan la razón, sino porque la tolerancia es el principio de toda vida en democracia.

4. Acabar con el estigma sexista, homófobo, o de cualquier tipo con las personas que adopten la identidad de género que mejor les acomode. Mientras no la usen para perpetrar ilícitos, no hay razón para usar argumentos de cualquier tipo y fustigarles.

5. Que los medios usemos nuestra capacidad de autocontrol para diseñar un protocolo de comunicación que no convierta la violencia de género en un espectáculo, que eduque a nuestras audiencias, que les oriente sobre cómo actuar de modo preventivo y prosecutivo, y que no retroalimente la normalización de la violencia sea del tipo que sea. Ojo, ésto no parametra la creatividad artística sino que le da más fondo, mejorando la forma.

Es cierto que hay prioridades en el Congreso, entre ellas, favorecer la reactivación económica del país (en teoría), pero si se pueden dar un tiempo para cada cosa, dándole la importancia debida, atendiendo a la persona independientemente de qué sienta y cómo lo sienta, estaremos dando un gran paso. Por lo pronto, ahí tiennen los veintitantos proyectos por revisar.

Solo cuando la violencia de género se reduzca o desaparezca, recién tendremos motivos para celebrar.

(Opina al autor. Síguelo en Twitter como @NelsonSullana)

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