Cómo los gíneco-obstetras podrían atentar contra las mujeres más pobres

Nelson Peñaherrera
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Por: Nelson Peñaherrera Castillo. Si en algo parece estar acertando la bancada naranja es en impulsar proyectos que podrían ser lesivos para las grandes mayorías, a pesar de que salgan con un cinismo digno de Premio Óscar a decir todo lo contrario. Y una de las creaciones más recientes parece corresponder al congresista Segundo Tapia Bernal, quien estaría impulsando el proyecto de ley 2331/2018 que, en la práctica, buscaría desconocer a los y las obstetras como carrera médica en todo el Perú.

De esta manera, se derogaría la Ley 23346 que sí la reconoce como tal.

Tanto el Colegio de Obstetras del Perú como la Federación de Obstetras del Ministerio de Salud han rechazado la´'ideota' basándose en dos argumentos: la obstetricia es una de las profesiones del campo de la medicina humana más antiguas, cuyo principal aporte se basa en orientar a la población sobre prácticas saludables en todo lo referido a lo sexual y lo reproductivo; y, el proyecto buscaría beneficiar al gremio de Tapia -los gíneco-obstetras- para que acaparen las atenciones y cobren por ellas sea a la propia paciente (la mayoría son mujeres) o al sistema de seguridad pagado con el dinero de los y las contribuyentes.

¿Cuánta razón tienen los y las obstetras en su reclamo? Primero partamos de un tema: ellos y ellas no son médicos y médicas propiamente dichos; en realidad son los profesionales médicos (no es lo mismo) que se especializa en los temas fisiológicos sobre la reproducción y sexualidad humanas (cómo llevar un embarazo saludable, cómo prepararse para un parto, cómo prevenir las infecciones de transmisión sexual, cómo planificar tu familia y usar correctamente los métodos anticonceptivos, cómo eliminar tabúes y promover políticas públicas sobre estos temas).

Los y las gíneco-obstetras no solo manejan la parte fisiológica, sino que se especializan en las patologías dentro del campo de la salud sexual y reproductiva (partos de riesgo que exigen verdaderas intervenciones quirúrgicas, condiciones de morbilidad en las mujeres que pueden propiciar embarazos de riesgo o que ponen su vida en riesgo crónico o agudo, etc).

En nuestro país, se estima que por cada 20 embarazos, tres presentan patologías que requieren acompañamiento médico constante y especializado. Dicho sea de paso, el embarazo no es una enfermedad, sino un estado propio de las mujeres. Es algo así como cuando pasamos por la adolescencia y todos los cambios en nuestro cuerpo: no estamos enfermos, solo estamos madurando.

Un o una obstetra no puede anteponerse el título de médico o médica, aunque sí puede escalar académicamente hasta tener doctorados lo mismo que los enfermeros y las enfermeras, o los psicólogos y las psicólogas, o los y las nutricionistas. Los y las gíneco-obstetras sí deben anteponerse el título de médicos.
Si tu impresión es que el reclamo del gremio obstétrico es un despropósito basado solo en competencias, podría tener algo de sentido; pero la realidad del Perú es que nos sobramos de obstetras (varios y varias sin chamba segura o sin chamba a secas) pero tenemos pocos gíneco-obstetras y escasos ginecólogos y ginecólogas.
En términos de salud sexual y reproductiva, la mayor cantidad de emergencias suelen producirse en áreas rurales, donde -oh sorpresa- no hay uno solo de estos y estas gíneco-obstetras, aparte de porque son escasos, porque nos sobrarían huesos de un dedo para contar la cantidad de estos y estas profesionales que van a la punta del cerro o el punto más perdido en el mapa para atender pacientes.

Los y las obstetras, en cambio, y como se definen, son todo-terreno. De hecho son la primera línea de defensa para esas pacientes que tienen dificultades de diversa índole y alguien tiene que salvarles la vida de forma oportuna. Dicho sea de paso, este gremio debería ser auspiciado por alguna marca de zapatillas o zapatos industriales porque caminan, escalan, van a bestia, o hasta casi hacen rappel para ir a salvar esas vidas y darles atención primaria. Digo, ¿no?

Aunque las normas técnicas del Ministerio de Salud dicen que los médicos en establecimientos de salud más pequeños se encarguen de expedir las recetas para las pacientes en general, la verdad es que muchos son médicos cirujanos, no tienen entrenamiento continuo en temas gíneco-obstétricos (ni siquiera cuidan su nutrición, andan obesos, pero ése es tema para otra columna), y toda esa responsabilidad se la delegan, como quien no quiere la cosa al o a la obstetra. Y aquí viene la desunión: si todo sale bien, los laureles se los lleva el médico (sin haber hecho mucho); pero si todo sale mal, el o la obstetra puede enfrentar hasta cargos penales.

Sí, es casi como el sistema jerárquico de las Fuerzas Armadas o Policiales. A mí personalmente no me parece la mejor manera de administrar jerarquías, pero lo discutimos en otro momento. Volvamos a la propuesta de Tapia.

Si le quitas la prerrogativa de profesional médico a los y las obstetras, por ley, en cierto modo les ilegalizas. Si les ilegalizas, no podrán trabajar, tendrán que abandonar los establecimientos de salud. Y, ¿quién se encargará de las pacientes? ¡Simple! ¡Los médicos y las médicas!

Pero si estos sujetos escasean, ¿cómo salvas vidas? ¡Recontrasimple! Que el establecimiento local refiera a las pacientes al lugar donde sí haya un o una gíneco-obstetra o ginecólogo en su defecto.

Por hablar de ejemplos, solo en la Sub Región de Salud Luciano Castillo Colonna (provincias de Ayabaca, Paita, Sullana y Talara), hay más de 180 establecimientos, pero, si no recuerdo mal, solo siete tienen un médico... y médico cirujano, encima.

¡Aguanten! ¿Y mientras tanto quién estabiliza a las pacientes si tuvieran algún riesgo? Ah, pues, que ellas vean. ¿Y si se mueren en el camino? Piña, ¿no? ¿Para qué se van a vivir a la punta del cerro o al rincón perdido en el mapa? Culpa del médico no es.

Sí, así de descarada sería la cosa. Y hay más.

Una vez que la paciente llegue al establecimiento con profesional médico, si él decide que ella tenga que intervenirse, ella se interviene porque se interviene. Total, para éso el médico estudia casi una década y hace el juramento hipócrit... digo, hipocrático.

Detalle: las cirugías tipo cesáreas (parto artificial) pueden costar de siete a nueve veces más caras que un parto vaginal (parto natural).

¿Quién gana? ¿La paciente, especialmente si es pobre?

¿En serio ella gana?

Claro que alguien dirá que muchas están cubiertas por el Sistema Integral de Salud (SIS), pero se ha descubierto en la gestión de la ex ministra Patricia García (la que "glita mucho y los médicos se les baja autoetima cuando les glitan") que resultó siendo un gran negociado el mercado de las cirugías y prescripciones médicas. Además se conoce, pero no hay prueba sólida, que muchos médicos fuerzan que la paciente se atienda en un establecimiento de salud de primer orden para luego inducirla a que vaya al consultorio privado. Aunque no solo con embarazadas, déjenme decirles.

Y como por ley de oferta-demanda, nadie pone un consultorio privado en la punta del cerro o en algún punto perdido en el mapa, y menos te cobran connsulta por debajo del 5% del sueldo mínimo vital (siendo bien buena gentes), lo que tenemos es otro negociazo.

Aparentemente, el proyecto de ley Tapia no dice una sola palabra al respecto.

¿Tienen razón los y las obstetras por su reclamo?

No pienses como persona de ciudad con acceso regular a Internet; ponte en el lugar de esas mujeres de la punta del cerro o de los puntos perdidos en el mapa, y luego pregúntate si quieres morir.

Por cierto, ése es otro tema. Cuando se les advierte de sus emergencias obstétricas, muchas mujeres tienen demasiados reparos en dejar sus casas, ya sea por el machismo de sus parejas, porque no hay con quién dejar los hijos y las hijas (que suelen ser un pelotón), porque hay que cuidar la chacra y los animales, o porque si hay que morir que sea en el terruño. Este tema cultural, según dicen los entendidos en este conflicto, nadie lo está tocando, y es un punto supercrítico del problema.

Pero, ¿quién crees que está ahí en la punta del cerro o el punto perdido en el mapa persuadiendo, gestionando, educando? ¡Ya pues!
Si el proyecto de ley Tapia no es sospechosamente lesivo a las mujeres, en especial las más pobres, solo nos queda suponer que, como en otros productos fujimoristas, para nada privilegian a las mayorías. Bueno, a la mayoría de gíneco-obstetras quizás.

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